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Un punto azul en el universo

Nada más y nada menos que eso somos. Este vídeo nos hace reflexionar acerca de lo que hacemos con este punto azul que es nuestra casa.

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Solo un consejo….

Cuando pienses que no eres nada, cuando te hagan daño y no comprendas, cuando tus sentimientos esten a flor de piel y peleandose entre ellos, cuando creas que vales  menos que los demás, cuando la inseguridad se apodere de tí, cuando mires a tu alrededor y pienses que no encajas, cuando te sientas solo o simplemente cuando te apetezca, vuelve a ver este video.

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Que será, será….

<Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol>.  Martin Luther King  intentaba aferrarse a la esperanza con frases como esta.

A estas alturas de mi vida me resulta, como poco, curioso, sentir ese hormigueo infantil de la proximidad de algo que puede cambiar tu vida.

Recuerdo esa sensación casi olvidada en mí, aunque la he visto después en diferentes ocasiones reflejada en mis hijas: El primer dia de colegio, de  competición gimnástica, la cercanía de unas vacaciones en colonias….esos dias puedes llegar ( y de hecho ocurre ) a tener tal ansiedad que produce desajustes en tu organismo. ¿Qué será lo que se “cuece” dentro de uno para no poder controlarlo?.

Sin duda, uno de los componentes más activos de estas situaciones es el miedo. El miedo a lo nuevo, a lo desconocido, al fracaso….y al éxito también, porque toda victória lleva consigo una derrota, tuya o de otros.

Así que no hay nada mejor que conocer bien a quien o a qué te enfrentas para luchar en buenas condiciones, <<La dificultad es una excusa que la história nunca acepta>> dijo J.F.Kennedy. He estado tentado de escoger alguna de las frases de mi padre en estas situaciones, un hombre que se formó pegado a una paleta y un ladrillo sin más recursos que su espalda y sus manos, él me hubiese dicho sin vacilar: <Hay que hecharle cojones>Y tengo que reconocer que me sirvió de ayuda algunas veces.

Terminaré este “post” con el final de un cuento de un libro (Aplícate el cuento) que me regalaron mis hijas un dia del padre: El maestro dice: – Cuando uno hace una elección, debe reflexionar sobre todo lo que va a hacer; debe elegir de forma coherente con sus valores y actuar en consecuencia. A partir de ahí, uno debe dejar de lado las otras alternativas. 

-¿por qué maestro?-

-Porque si no lo haces así quedas atado a ellas. Una persona que escoge  un camino y se queda pensando en lo que perdió al dejar de lado los otros, nunca irá a ninguna parte, no podrá avanzar. Para avanzar hay que saber desprenderse. No hay elección sin pérdida.

<<Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano>> Martin L. King

He preferido la versión de Diego Torres, más actual y con permiso (o no ) del “maestro Feliciano”

 

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Gran Jefe Seattle responde a Franklin Pierce

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Una gran lección de respeto y amor a nuestra Tierra, que debería ser de lectura obligada en todos los colegios del mundo.

A pesar de que internet está lleno de versiones de esta carta de respuesta que envió el Gran jefe de los Suquamish  y los Duwamish al presidente de los Estados Unidos Franklin_Pierce, no he podido ni querido resistirme a colgar la mia, motivado por un post de Anael un colega de blog http://nahueltopai.blogspot.com/.

Audio de la Carta del Jefe Seattle

Aquí os dejo un enlace en audio de la carta en http://www.leerescuchando.com/LEjefeindioseattle.html

La única fotografía conocida del Jefe Seattle fue tomada en la década de 1860 cuando tendría casi 80 años de edad.

La única fotografía conocida del Jefe Seattle fue tomada en la década de 1860 cuando tendría casi 80 años de edad.

 

Mensaje del Gran Jefe Seattle, de la tribu Dewamish,
al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica Franklin Pierce.

 

El Gran Jefe Blanco de Washington nos envió un mensaje diciendo que quiere comprar nuestras tierras. El gran jefe nos envió también palabras de amistad y de buena voluntad. Esto es muy amable por su parte, pues sabemos que él no necesita nuestra amistad. Sin embargo nosotros meditaremos su oferta, pues sabemos que si no vendemos vendrán seguramente hombres blancos armados y nos quitarán nuestras tierras.

Pero, ¿cómo es posible comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Nosotros no comprendemos esta idea. Si no somos dueños de la frescura del aire, ni del reflejo del agua, ¿cómo podréis comprarlos?

Nosotros tomaremos una decisión. El Gran Jefe de Washington podrá confiar en lo que diga el jefe Seattle, con tanta seguridad como en el transcurrir de las estaciones del año. Mis palabras son como las estrellas, que nunca tienen ocaso.

Cada partícula de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante aguja de pino, cada grano de arena de las playas, cada gota de rocío de los sombríos bosques, cada calvero, el zumbido de cada insecto… son sagrados en memoria y experiencia de mi pueblo. La savia que asciende por los árboles lleva consigo el recuerdo de los pieles rojas.

Los muertos de los hombres blancos olvidan la tierra donde nacieron cuando parten para vagar entre las estrellas. En cambio, nuestros muertos no olvidan jamás esta tierra maravillosa, pues ella es nuestra madre. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas, el venado, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos.. Las cumbres rocosas, los prados húmedos, el calor del cuerpo de los potros y de los hombres, todos somos de la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos comunica que piensa comprar nuestras tierra exige mucho de nosotros. Dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir agradablemente y que él será nuestro padre y nosotros nos convertiremos en sus hijos.

Pero, ¿es eso posible? Dios ama a vuestro pueblo y ha abandonado a sus hijos rojos. El envía máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo y construye para él grandes poblados. Hace más fuerte a vuestro pueblo de día en día. Pronto inundaréis el país como ríos que se despeñan por precipicios tras una tormenta inesperada. Mi pueblo es como una época en regresión pero sin retorno. Somos raza distintas. Nuestros niños no juegan juntos y nuestros ancianos cuentas historias diferentes. Dios os es favorable y nosotros, en cambio, somos huérfanos.

Nosotros gozamos de alegría al sentir estos bosques. El agua cristalina que discurre por los ríos y los arroyos no es solamente agua, sino también la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos nuestras tierras debéis saber que son sagradas y enseñad a vuestros hijos que son sagradas y que cada reflejo fugaz del agua clara de las lagunas narra vivencias y sucesos de mi pueblo. El murmullo del agua es la voz de mis antepasados.

Los ríos son nuestros hermanos que sacian nuestra sed. Ellos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si os vendemos nuestras tierras debéis recordar esto y enseñad a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y que, por tanto, hay que tratarlos con dulzura, como se trata a un hermano.

El piel roja retrocedió siempre ante el hombre blanco invasor, como la niebla temprana se repliega en las montañas ante el sol de la mañana. Pero las cenizas de nuestros padres son sagradas, sus tumbas son suelo sagrado, y por ello estas colinas, estos árboles, esta parte del mundo es sagrada para nosotros. Sabemos que el hombre blanco no nos comprende. El no sabe distinguir una parte del país de otra, ya que es un extraño que llega en la noche y despoja a la tierra de lo que desea. La tierra no es su hermana sino su enemiga y cuando la ha dominado sigue avanzando. Deja atrás las tumbas de sus padres sin preocuparse. Olvida tanto las tumbas de sus padres como los derechos de sus hijos. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el aire, como cosas para comprar y devastar, para venderlas como si fueran ovejas o cuentas de colores. Su voracidad acabará por devorar la tierra, no dejando atrás más que un desierto.

Yo no sé, pero nuestra forma de ser es diferente a la vuestra. La sola visión de vuestras ciudades tortura los ojos del piel roja. Quizá sea porque somos unos salvajes y no comprendemos. No hay silencio en las ciudades de los blancos. No hay ningún lugar donde escuchar cómo se abren las hojas de los arboles en primavera o el zumbido de los insectos. Quizá sea sólo porque soy un salvaje y no entiendo, pero el ruido de las ciudades únicamente ofende a nuestros oídos. ¿De qué sirve la vida si no podemos escuchar el grito solitario del chotacabras, ni las querellas nocturnas de las ranas al borde de la charca? Soy un piel roja y nada entiendo, pero nosotros amamos el rumor suave del viento, que acaricia la superficie del arroyo, y el olor de la brisa, purificada por la lluvia del medio día o densa por el aroma de los pinos.

El aire es precioso para el piel roja, pues todos los seres comparten el mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre…, todos respiramos el mismo aire. El hombre parece no notar el aire que respira. Como un moribundo que agoniza desde hace muchos días, es insensible a la pestilencia.

Pero si nosotros o vendemos nuestras tierras no debéis olvidar que el aire es precioso, que el aire comparte su espíritu con toda la vida que mantiene. El aire dio a nuestros padres su primer aliento y recibió su última expiación. Y el aire también debe dar a nuestros hijos el espíritu de la vida. Y si nosotros os vendemos nuestras tierras, debéis apreciarlas como algo excepcional y sagrado, como el lugar donde también el hombre blanco sienta que el viento tiene el dulce aroma de las flores de las praderas.

Meditaremos la idea de vender nuestras tierras, y si decidimos aceptar, será sólo con una condición: el hombre blanco deberá tratar a los animales del país como a sus hermanos. Yo soy un salvaje y no lo entiendo de otra forma. Yo he visto miles de bisontes pudriéndose, abandonados por el hombre blanco tras matarlos a tiros desde un tren que pasaba. Yo soy un salvaje y no puedo comprender que una máquina humeante sea más importante que los bisontes, a los que nosotros cazamos tan sólo para seguir viviendo.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si los animales desaparecieran el hombre también moriría de gran soledad espiritual. Porque lo que le suceda a los animales, también pronto le ocurrirá al hombre. Todas las cosas están relacionadas entre sí. Lo que afecte a la tierra, afectará también a los hijos de la tierra.

Enseñad a vuestros hijos lo que nosotros hemos enseñado a nuestros hijos: la tierra es nuestra madre. Lo que afecte a la tierra, afectará también a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen a la tierra, se escupen a si mismos. Porque nosotros sabemos esto: la tierra no pertenece al hombre, sino el hombre a la tierra. Todo está relacionado como la sangre que une a una familia. El hombre no creó el tejido de la vida, sino que simplemente es una fibra de él. Lo que hagáis a ese tejido, os lo hacéis a vosotros mismos.

El día y la noche no pueden convivir. Nuestros muertos viven en los dulces ríos de la tierra, regresan con el paso silencioso de la primavera y su espíritu perdura en el viento que riza la superficie del lago.

Meditaremos la idea del hombre blanco de comprar nuestras tierras. Pero, ¿puede acaso un hombre ser dueño de su madre? Mi pueblo pregunta: ¿qué quiere el hombre blanco? ¿Se puede comprar el aire o el calor de la tierra, o la agilidad del venado? ¿Cómo podemos nosotros venderos esas cosas, y vosotros cómo podríais comprarlas? ¿Podéis acaso hacer con la tierra lo que os plazca, simplemente porque un piel roja firme un pedazo de papel y se lo entregue a un hombre blanco? Si nosotros no poseemos la frescura del aire, ni el reflejo del agua, ¿cómo podréis comprarlos? ¿Acaso podréis volver a comprar los bisontes, cuando hayáis matado hasta el último?

Cuando todos los bisontes hayan sido sacrificados, los caballos salvajes domados, los misteriosos rincones del bosque profanados por el aliento agobiante de muchos hombres y se atiborren de cables parlantes la espléndida visión de las colinas… ¿dónde estará el bosque? Habrá sido destruido. ¿Dónde estará el águila? Habrá desaparecido. Y esto significará el fin de la vida y el comienzo de la lucha por la supervivencia.

Pero vosotros caminaréis hacia el desastre brillando gloriosamente, iluminados con la fuerza del dios que os trajo a este país y os destinó para dominar esta tierra y al piel roja. Dios os dio poder sobre los animales, los bosques y los pieles rojas por algún motivo especial. Ese motivo es para nosotros un enigma. Quizás lo comprendiéramos si supiésemos con qué sueña el hombre blanco, qué esperanza trasmite a sus hijos en la largas noches de invierno y qué ilusiones bullen en su imaginación que les haga anhelar el mañana.

Pero nosotros somos salvajes y los sueños del hombre blanco nos permanecen ocultos. Y por ello seguiremos distintos caminos, porque por encima de todo valoramos el derecho de cada hombre a vivir como quiera, por muy diferente que sea de sus hermanos.

No es mucho realmente lo que nos une. El día y la noche no pueden convivir y nosotros meditaremos vuestra oferta de comprar nuestro país y enviarnos a una reserva. Allí viviremos aparte y en paz. No tiene importancia dónde pasemos el resto de nuestros días. Nuestros hijos vieron a sus padres denigrados y vencidos. Nuestros guerreros han sido humillados y tras la derrota pasan sus días hastiados, envenenando sus cuerpos con comidas dulces y fuertes bebidas. Carecen de importancia dónde pasemos el resto de nuestros días. Ya no serán muchos, Pocas horas más quizás un par de inviernos, y ningún hijo de las grandes tribus que antaño vivían en este país y que ahora vagan en pequeños grupos por los bosques, sobrevivirán para lamentarse ante la tumba de un pueblo, que era tan fuerte y tan lleno de esperanzas como el nuestro.

Pero cuando el último piel roja haya desaparecido de esta tierra y sus recuerdos sólo sean como la sombra de una nube sobre la pradera, todavía estará vivo el espíritu de mis antepasados en estas riberas y en estos bosques. Porque ellos amaban esta tierra como el recién nacido ama el latir del corazón de su madre.

Pero ¿por qué he de lamentarme por el ocaso de mi pueblo? Los pueblos están formados por hombres, no por otra cosa. Y los hombres nacen y mueren como las olas del mar. Incluso el hombre blanco, cuyo dios camina y habla con él de amigo a amigo, no puede eludir ese destino común. Quizás seamos realmente hermanos. Una cosa si sabemos, que quizás el hombre blanco descubra algún día que nuestro Dios y el vuestro, son el mismo Dios. Vosotros quizás pensáis que le poseéis, al igual que pretendéis poseer nuestro país, pero eso no podéis lograrlo. Él es el Dios de todos lo hombres, tanto de los pieles rojas como de los blancos. Esta tierra le es preciosa, y dañar la tierra significa despreciar a su Creador

También los blancos desapareceréis, quizás antes que las demás razas. Continuad ensuciando vuestro lecho y una noche moriréis asfixiados por vuestros propios excrementos.

Nosotros meditaremos vuestra oferta de comprar nuestra tierra, pues sabemos que si no aceptamos vendrá seguramente el hombre blanco con armas y nos expulsará. Porque el hombre blanco, que detenta momentáneamente el poder, cree que ya es Dios, a quien pertenece el mundo.

Si os cedemos nuestra tierra amadla tanto como nosotros la amábamos, cuidadla tanto como nosotros la cuidamos, y conservad el recuerdo de tal como es cuando vosotros la toméis.

Y con todas vuestras fuerzas, vuestro espíritu y vuestro corazón, conservarla para vuestros hijos y amadla como Dios nos ama a todos.

Pues aunque somos salvajes sabemos una cosa: nuestro Dios es vuestro Dios. Esta tierra es sagrada. Incluso el hombre blanco no puede eludir el destino común. Quizás incluso seamos hermanos. ¡Quien sabe!

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Charlie Chaplin nos explica la crisis económica de EE.UU.

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INMIGRACIÓN EXCESIVA

Estos no son turistas
Estos no son turistas

 Llevamos muchos años siendo uno de los países donde ha aumentado en mayor medida el flujo inmigrante, ya sea legal o ilegal. No obstante, somos un país de acogida relativamente nuevo. No hace mucho era todo lo contrario, eran los españoles los que tenían que salir de su casa, de su ciudad, dejando la familia y amigos detrás, en definitiva cambiando de vida, para intentar mejorarla en otro país ( Francia, Alemania, Suiza etc. ) con otro idioma, otras costumbres, sintiéndose en muchos casos “como una cabra en un garaje”.

Al final de esos años, en los que aún éramos un país de emigrantes, tuve la oportunidad de vivirlo por un tiempo en mis propias carnes. Sentí lo que se siente al dejar tu ciudad, barrio etc…. Y noté que hay gente que te mira diferente por el mero hecho de ser de otro país, que te prejuzga y que desconfía como si por ser español fuese un indicativo de posible delincuente.

Por otro lado también encontré amigos, que te tratan como a uno más, que intentan ayudarte a integrarte sin ningún prejuicio.

En aquella época, también en esos países receptores, existían los que utilizaban el falso Y fácil discurso de que los de fuera nos quitan el trabajo, que les regalan las viviendas, o la asistencia social y nosotros tenemos que pagar siempre…   La historia nos enseña de una u otra forma que si ayer fuimos víctimas hoy podemos ser verdugos, o viceversa.

Yo creo en la honestidad de las personas que buscan salir de la miseria, jugándose la vida en muchos casos, porque saben que a unos pocos kilómetros de distancia su trabajo es recompensado con un mínimo de dignidad y bienestar que en sus casas no conseguirán jamás. Creo además que la mayoría de estas personas vienen a eso, no a delinquir.

Es cierto que la información que les llega allí, es diferente a lo que después se encuentran aquí y que después, muchos tienen que buscarse la comida del día como pueden, pero también lo es que no se le pueden poner puertas al campo, ni en forma de alambrada ni de un mar inquieto que un día tras otro va engullendo personas de diferentes edades, colores y culturas.

El problema de la inmigración, que existe desde siglos, no es exclusivo de España, tiene que ser tratado con la importancia que tiene a nivel mundial, muchos años se lleva hablando de lo mismo, pero no se toman las medidas necesarias para acabar con la pobreza y la miseria, que son la causa principal de la inmigración. Pero mucho me temo que a los países más avanzados, desarrollados, con más recursos  y capital del planeta parece preocuparles más el gastarse fortunas astronómicas en dispositivos de defensa, que conseguir que en el planeta la gente tenga asegurada una vida “normal” en su país.  

Al igual que está ocurriendo actualmente con el sistema financiero, se debería replantear un nuevo orden internacional, teniendo como prioridad terminar con tanta desigualdad. Al fin y al cabo todos vivimos en la misma “pelota” y sería una irresponsabilidad por parte de los que gobiernan dejar que se desinfle, o peor aún, que explote.  

Estos si

Estos si

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